Georg Miciu Nicolaevici:
"Enamorado, fiel a la Armonía, soy colorista". Así se define Georg Miciu Nicolaevici, nacido en Bludenz, Austria, en 1946. Tras la guerra, los Miciu viajan a la Argentina en 1949. Bajo la tutela de su padre, luego de abandonar sus estudios de música en 1964, comienza su práctica de pintura al aire libre en el Parque Pereyra Iraola. De su padre, Konstantino, diplomado en Bellas Artes en Viena, hereda la sencillez y la fuerza de los impresionistas rusos. Su hijo Emaús se unirá a la misma aventura. Tres generaciones en las artes plásticas.
Se volcó al arte de muy joven y viajó por el mundo con sus pinceles a cuestas. Pintó el sur argentino durante casi 40 años y hoy, establecido junto a su familia en San Martín de Los Andes, cosecha los logros de una carrera atípica.
Cuando Georg Miciu Nicolaevici llegó a París, una crítica de arte, directora de una importante revista, le devolvió una carpeta con muestras de su obra y exclamó: "Qué lástima, tanto talento desperdiciado". ¿Por qué?, preguntó el joven pintor. "Porque la vida no es bella", fue la respuesta.
-Al principio no la entendí -cuenta Miciu-. Después nos hicimos amigos y visité su casa, uno de esos típicos áticos parisinos, donde vivía sola con dos hijos de mirada triste. Era escultora y me mostró su obra, de mucho morbo. Bien, esto es lo que ella vive y lo transmite con valentía, me dije. ¿La vida es bella? Sí, pero hay que vivirla como la vivo yo.
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